Este Martes mientras terminaba la jornada laboral y estaba apunto de irme a coger el cercanías, el Pipa se dirigió a mi para recordarme que ya eran las 7 y que el trabajo había terminado por ese día. Disciplinada y ordenadamente, como suele ser habitual en él (a veces demasiado) me preguntó si me iba a ir, le respondí afirmativamente haciéndo incapié que cuándo recogiera y apagara el ordenador me iría con él. Cuando acabé de realizar esto, me volví y cuál fue mi sorpresa cuandó observé que él Pipa ya se había ido sin decirme nada, cual sigiloso en la sombra de la noche, y sin esperar los 2 minutos que tardé en recoger mis aperos. Más tarde, al con unos compañeros del trabajo para coger el tren lo divisé hablando por el móvil con su "novia" supuestamente. Cuando acabó su llamada telefónica, se dirigió a mi de la manera normal a cómo suele hacerlo sin mencionar siquiera su repentina escabullida. Este especímen nos sorprende cada día más.
"La importancia de ser un Pipa".
e enjte, 21 qershor 2007
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